viernes, 7 de abril de 2017

Una brecha generacional

Hoy quiero ponerme un poco más personal. Voy a contaros mi vida. Para ser más precisos relatar cómo he llegado hasta aquí. Yo pertenezco, como muchos, a esa generación perdida entre lo que denominan Generación Y y Generación Z. Todos los de mediados de los 90 somos los que se dice una ‘brecha generacional’. Vivimos en esa época que no vieron el comienzo de Internet, pero tampoco vivió con la facilidad de tener acceso a él. No vivimos Bola de Dragón en sus inicios, si no que vimos como entraban los primeros animes como Fullmetal, Naruto o Death Note. Empecemos por donde debe ser, por la más temprana infancia. Al comienzo os voy a hablar de mi punto de vista, porque los primeros años no todos lo recordamos igual, a medida que crecemos y nos juntamos con gente de nuestra edad me iré dando el permiso de generalizar. Suelo decir que nací con un tebeo bajo el brazo, uno de los primeros recuerdos, todavía sin saber leer correctamente, es tirarme en la cama con los Astérix y Mortadelo y Filemon junto a mi hermano. Igual que todos mis compañeros, veía series cómo Marsupilami, Supernenas, Thornberrys, Sabrina u Oliver y Benji. Eran buenos tiempos, veíamos a bebés con destornilladores y brujas adolescentes bailar con una joven Britney Spears. De una Spears a otra, las mañanas sin Zoey 101 no eran mañanas. Y como esta se podía decir lo mismo de Lizzie McGuire, Drake y Josh, Malcolm in the middle y Embrujadas. Pero, sobre todo, somos la generación Digimon y Pokemon. Jugaba con los circuitos de Hot Wheels que montaba por la casa, haciendo que mi cuarto fuera una trampa mortal al entrar. Esa etapa de la inocente infancia todavía está teñida del color cálido de recuerdos, un color que podríamos comparar con el de las versiones originales de Tarzán y El rey León, ese color de todo lo antiguo y feliz.

Fuimos creciendo, poco a poco dejábamos de idolatrar a los padres y empezamos a preocuparnos más por nuestras amistades (esto ocurrió, a pesar de que siempre nos venga el recuerdo de que la familia nos limitaba). Empezamos a imitar a toda la gente que teníamos cercanas, nos creíamos mayores de lo que éramos. Muchos cogíamos un skate, escuchábamos Blink-182, Green Day y Avril Lavigne y éramos súper geniales. Empezamos a leer cosas distintas, cosas gamberras, como Capitán Calzoncillos o las Witch. Poco a poco, ese fenómeno juvenil fue convirtiéndose en otras cosas, pasamos de ser “punkiguays” (término pendiente de patente por la familia Gullón) y sk8er boi, a creernos chicos malos; o emos, emulando a Gerard Way, donde Welcome to the black parade era un estandarte. Empezábamos a introducirnos a lo que creíamos que era el rock a manos de Paramore, Muse y Linkin Park. Grupos que formaban la banda sonora de Crepúsculo, porque no podemos olvidar esa época adolescente de los vampiros brillantes. No quiero saber cuántos de los de esta generación fantaseamos con Hayley Williams de Paramore o con Robert Pattinson y Zac Efron. ¡Cómo se me ha podido olvidar! Somos la generación High School Musical, no lo neguéis. Esa es otra, la literatura juvenil es uno de los grandes influyentes que teníamos, no sé qué habríamos hecho sin Donde surgen las sombras, Harry Potter, Éragon y Memorias de Idhún (o todo Laura Gallego, vaya). Pero tomemos un poco de medicina alternativa, el dibujo japonés empezó a tomar fuerza en nuestra vida, desde series francesas y americanas con dibujo japonés (Teen Titans y Código Lyoko) como muchos de los animes. Volvámonos nostálgicos recordando: venga vámonos ya, esto va a comenzar; peonzas de beyblade; canciones de Pichi Pichi Pitch; adorables hamsters; o los mamodos de Zatch Bell. ¿Y quién no se ha tirado horas frente a una pantalla yendo de cuento en cuento? ¡Videojuegos! todos hemos intentado dar vueltas como un Bandicoot; suplir a la mascota que nuestros padres no nos dejaron tener; creyéndonos soldados en una guerra espacial; o llorado en las tierras sombrías de Zanarkand. Pero la televisión nos aportó mucho más de lo que creíamos, desde anuncios que nos tuvieron cantando ‘a tomar Fanta te irás’ hasta la gigante de los dibujos. Ya sea en serie de actores como Hannah Montana y ‘Hotel, dulce hotel’; como en serie de dibujos con Kim Possible y American Dragon, Disney nos marcó. Pero, sin olvidar a otras series de dibujos no-Disney, que sin duda son icono de nuestra generación: Supernenas, las Winx y Ed, Edd y Eddy. Somos una generación que creció a la vez que Sora y Anakin. Somos la generación de band camp y de Camp Rock. Somos La generación que entró a la universidad junto con Mike Wazowski y Andy. Somos la generación que se creyó espías en Spy Kidz y la generación de habitantes de la Tierra Media.

En definitiva, somos aquella generación que vivió con la influencia del Tío Sam y de su contrapartida en Oriente. Somos la generación, ni muy joven ni muy mayor, que sufre el paro juvenil, pero se alarga la edad de jubilación. Somos la generación del zapatazo de Bush. Somos la generación de los superhéroes. Somos la primera generación de las películas de Marvel. Somos la generación del Joker de Ledger. Somos la generación inconclusa.

P.D: Gracias a PAda y a Diana por ayudarme con las referencias.

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